El sujeto y el otro: la alienación

Seminario 11:  Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis.  Jacques Lacan

Clase XVI, del 27 de mayo de 1964.

El sujeto y el otro:  la alienación.

“No se trata de un debate filosófico”, dice Lacan respondiendo a una pregunta de Miller, al final de la clase.  Ciertamente, en el desarrollo que hace en sus últimas clases con respecto a la pulsión, Lacan señala que “la dialéctica de la pulsión es básicamente diferente de lo que pertenece al registro del amor así como al del bien del sujeto”.  En estas dos clases, la del 27 de mayo y la del 3 de junio de 1964, Lacan trabaja sobre dos conceptos: alienación y separación.  Dos operaciones, dice Lacan, que articula en la relación del sujeto con el Otro.

Lacan comienza esta clase retomando la anterior en la cual trabajaba el concepto de pulsión.  La primera frase que destacamos es una de las más repetidas en psicoanálisis cuando hablamos de Lacan:  “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” y a partir de esta afirmación nos lleva a pensar en una topología cuyo fin es dar cuenta de la constitución del sujeto.

Constitución que pensamos en función de su relación con el (gran) Otro.

La propuesta lacaniana, lo sabemos, incluye tres registros: el real, el simbólico y el imaginario.  El (gran) Otro está vinculado con el registro simbólico:  “… es el lugar donde se sitúa la cadena significante que rige todo lo que, del sujeto, podrá hacerse presente, es el campo de ese ser viviente donde el sujeto tiene que aparecer”.

En esta primera parte de la clase, Lacan nos señala que ninguna de las pulsiones, por ser parcial, representa la totalidad de la tendencia sexual, en la medida en que pueda representar la función de la “Fortpflanzung”, es decir la reproducción.

Aquí vemos esta distinción del plano biológico -nadie puede negar esta función en el plano biológico-.  Pero en el psiquismo no hay representación; dice Lacan: “… no hay nada que permita al sujeto situarse como ser macho o ser hembra”.

El sujeto sólo sitúa sus equivalentes:  actividad y pasividad.  Y esos conceptos no representan a esa función de reproducción.  La polaridad del ser macho o hembra, dice Lacan, la representa únicamente en la actividad: la pulsión y en la pasividad sólo lo es respecto de lo exterior.  Esto retoma la última parte de la clase anterior y aquí nos señala que la experiencia analítica nos permite ver que aquello que hay que hacer como hombre o como mujer está en otro sitio, en el gran Otro, y el drama de Edipo señala justamente eso.

En este punto de la clase, Lacan relaciona la sexualidad con la falta.  Habla de una doble falta, ambas se superponen:

1.-  Una de ellas es por el efecto del significante, ya que el sujeto depende de él y el significante está primero, le precede, en el campo del (gran) Otro.

2.- La segunda está vinculada a la reproducción sexuada.  Dice Lacan:  “la falta real es lo que pierde el ser viviente, de su porción de viviente, por reproducirse por la vía sexuada.  Esta falta es real porque remite a algo real- que el ser viviente, por estar sujeto al sexo, queda sometido a la muerte individual.

Es decir que al necesitar reproducirnos sexualmente hay una perdida y ello implica saber que somos mortales.  No nos podemos reproducir (de momento) por otra vía que no sea la sexual.

Por este motivo, el mito de Aristófanes, que dice que habría una parte complementaria, lo que en lenguaje corriente se llama “la media naranja” es engañoso, no se busca a la parte faltante sino esa parte de sí mismo, para siempre perdida, dice Lacan, que se constituye por el hecho de no ser más que un ser viviente sexuado, que ya no es inmortal.

Lacan propone otro mito, el mito de la laminilla, que ya habíamos trabajado.  Vimos que dice en la clase anterior (que presentó Alejandra) que la relación con el (gran) Otro hace surgir, para nosotros lo que representa la laminilla; no la polaridad sexuada, la relación de lo masculino con lo femenino, sino la relación del sujeto viviente con lo que se pierde por tener que pasar por el ciclo sexual para reproducirse.  También habíamos visto que la libido era pensada no como un campo de fuerzas sino como un órgano, pero aquí también nos señala que es un órgano irreal: lo irreal no es lo imaginario y para poder entenderlo recurrimos a una presentación mítica, es decir una elaboración teórica.

Ese irreal, sin embargo no impide que ese órgano se encarne.  El ejemplo que nos propone es el del tatuaje, es en función del (gran) Otro, y tiene una función erótica.  De hecho, es más evidente, en la época actual, el tatuaje tiene mayor presencia hoy que en 1964.

En este punto, podemos articular lo que había propuesto como introducción, estas elaboraciones teóricas no están enmarcadas en un debate de la filosofía, en el sentido de que la pulsión no está vinculada al registro del amor o del bien del sujeto.

Cuando trabajamos el seminario X (La Angustia) decíamos que el lenguaje precede al sujeto y , más específicamente el significante, es el que lo secciona, lo despedaza.  Decíamos que antes del lenguaje el sujeto es,  podríamos decir, un “continuum” y será el lenguaje el que seccionará eso que llamaremos “brazo” que irá desde el hombro hasta la punta de los dedos.  Esta es una manera de entender esa función de corte del significante.

“Todo surge de la estructura significante” y esa estructura, dice Lacan se basa en algo que inicialmente llamó función de corte pero a partir de estas elaboraciones se va a articular como una función de borde.

Vemos en esta parte de la clase que hay una referencia al concepto de hiancia, de separación, de grieta.  Podríamos pensarlo como ese espacio que se produce entre el sujeto y el (gran) Otro. Hiancia que, a nosotros desde el psicoanálisis, nos invita a la interrogación.  Recordemos que esta novedad lacaniana de la inversión del signo lingüístico saussuriano elimina esa correspondencia de significante significado.

A esa “no correspondencia” entre significante y significado tenemos que agregarle la ambigüedad del signo que reside, como dice Lacan, en que ese signo representa algo para alguien.  En este punto vemos cómo surge el sujeto de su significación, por el hecho de producirse en el campo del (gran) Otro.

El efecto que tiene, es que reduce al sujeto a no ser más que un significante, petrificándolo, dice Lacan, con el mismo movimiento con que lo llama a funcionar, a hablar, como sujeto.

Aquí Lacan nos remite a un concepto propuesto por Jones, el de afanisis, que fue concebido como  el temor a ver desaparecer el deseo.  Pero la propuesta lacaniana es otra, no lo vincula a la desaparición del deseo sino al efecto letal, no se trata del deseo sino del sujeto.  Es lo que Lacan llama fading -la desaparición- del sujeto.  Un ejemplo que nos puede ayudar a entender este concepto, es cuando vemos un video o una película, la transición entre una imagen y otra puede ser de fade:  (fade in y fade out).  El fade out es cuando una imagen se va apagando a negro o a blanco.  Y fade in es lo contrario: va surgiendo la imagen de negro o de blanco.

Como ejemplo para reforzar la propuesta teórica de que la constitución del sujeto tiene lugar en el campo del (gran) Otro hay una crítica a la teoría de Piaget, en cuanto al discurso egocéntrico del niño.  Cuando un niño habla solo, Piaget sostiene que lo hace porque hay una falta de “reciprocidad”, pero Lacan señala que hay otros, habla “à la cantonade” -en voz alta pero a nadie en particular-.

Como venimos viendo, Lacan recurre a formalizaciones de la lógica y de la matemática para poder  seguir pensando en estos conceptos.  Estos recursos, nos señala, no dejan de ser artificiosos.  También recurre al concepto de algoritmo, muy de moda en los tiempos que estamos viviendo.  Pero no son los mismos algoritmos.  Estos funcionan como indicadores, como recursos para dar cuenta de estos conceptos tan complejos, como lo son el sujeto, el otro, el (gran) Otro, la pulsión, el significante, etc.  De esta manera podemos entender por qué dice que son recursos artificiosos.

Las dos operaciones -centrales en este capítulo- son la alienación y la separación.

Los analistas, en numerosas ocasiones, recurrimos a diccionarios como el de la RAE, o del de María Moliner -en castellano- como punto de partida para poder entender de qué estamos hablando.  Si buscamos el término “alienación”, seguramente vamos a encontrar referencias a la alienación mental.  Independientemente de los “aliens” que van apareciendo en la actualidad.  

Más allá de las definiciones, que nos ayudan a entender la teoría, podríamos pensar en la alienación como aquello que nos hace sentir como “ajenos”, que nos saca de nosotros mismos.

Es un concepto que fue abordado por la filosofía y que también encontramos en la historia de la psiquiatría, sobre todo durante el siglo XIX -es donde se afianza la idea de alienación mental-.

En el campo de la filosofía, este concepto podemos vincularlo sobre todo a Hegel y a Marx.

Es un concepto que podemos relacionar con la alteración y deformación, en la conciencia de los individuos, de sus auténticas relaciones de vida.

En Marx, de manera muy sucinta, podemos pensarlo como las relaciones del individuo en función de la explotación del proletariado y las relaciones de propiedad privada.  La concepción marxista analiza los efectos de alienación que produce el sistema capitalista.

Hegel, utiliza este concepto por primera vez como negación con respecto a lo real.  Forma parte de lo que llama “conciencia infeliz” y es producto de una reflexión.  La alienación para Hegel, implica un movimiento de una conciencia desgraciada que estaría dividida en dos autonciencias.  Es decir, que en el reconocimiento necesario del otro, encuentra otra autoconciencia.  Esto llevaría a una relación dialéctica.  Pero esa conciencia duplicada, es en sí misma una única conciencia.

La concepción lacaniana es cercana a la de Hegel.  En Lacan hay dos momentos, uno sería en función del registro imaginario y el segundo, la segunda elaboración, que es la que estamos abordando en esta clase.  Es aquella que, conjuntamente con la operación de separación, dan cuenta de la constitución del sujeto en el campo del (gran) Otro.

Como señala Alfredo Eidelstein:  “Para Lacan, la alienación es una de las operaciones que da cuenta de la relación del sujeto (S) y el Otro (A), entendiendo éste último como la estructura del lenguaje y definida como “(…) fundamental y nueva lógica”, en la medida en que concibe los efectos sobre el sujeto debido a su nacimiento en un mundo de lenguaje constituido por su estructura, otros sujetos hablantes y cadenas significantes.”

En clases anteriores (cuando trabajamos el seminario X) vimos que había un cambio de postura en Lacan cuando hablaba de la constitución del sujeto en la imagen del otro.  Decía Lacan que por una falta de maduración biológica, el niño constituía su yo en la imagen del otro. También en esta primera época de Lacan, aparece el concepto de alienación, pero una alienación imaginaria.  En el seminario 3, dice “el yo humano es el otro, y al comienzo el sujeto está más cerca de la forma del otro que del surgimiento de su propia tendencia (…) y la primera síntesis de ego es esencialmente alter ego, está alienada”.  Pero en el seminario de la Angustia, Lacan plantea que es el Otro el que convalida esa imagen.  Cuando el niño se ve en el espejo, mira a la madre (o al adulto que esté con él) para que confirme su imagen.

Es importante señalar esto porque no estamos hablando del mismo enfoque cuando hablamos de alienación (en un plano imaginario) y la noción de alienación que estamos trabajando aquí.

En este seminario, la alienación está planteada como una operación lógica, simbólica, articulada a la operación de separación, como dice Lacan: operaciones de la realización del sujeto en su dependencia significante respecto del lugar del (gran) Otro.

Como venimos diciendo, el sujeto se constituye en el campo del (gran) Otro, en lo exterior, en lo externo; por este motivo Lacan propone el término de extimidad para señalar justamente lo esencial de la alienación. 

Hablábamos al principio de una función de corte pero aquí introduce la función de borde, de borde circular representado por el rombo (losange) en el cual, si vectorizamos (es decir, si le damos una dirección circular) ubicamos en la parte inferior del rombo la alienación y en la parte superior la separación.

Ese pequeño rombo representa un borde, un borde que funciona, dice Lacan.  La idea de borde y de circularidad que funciona, nos permite entender que ambas operaciones no son independientes y que la temporalidad no se da en forma consecutiva sino que operan al mismo tiempo.

Cuando hablamos de alienación Lacan nos remite a un vel.  El vel es una conectiva lógica que representa una disyunción que aparece cuando hay dos proposiciones coordinadas por el conector “o”.

Ese vel introducido por Lacan le permite formular una aproximación de lo que es la alienación.  Dice Lacan:  “La alienación consiste en ese vel que condena (…) al sujeto a aparecer en esa división que he articulado lo suficiente, según creo, al decir que si (-bien-) aparece de un lado como sentido producido por el significante, del otro lado aparece como afanisis”.

Hay dos posibilidades de pensar ese vel, es decir esa disyunción:

  • Una: disyunción que implique una posibilidad que excluya la otra: voy a un sitio o otro
  • Dos:  disyunción que pueda implicar las dos posibilidades: es un músico que toca el piano o la guitarra (si toca los dos instrumentos no excluye a alguna de las dos, se trata de una disyunción inclusiva)

Y Lacan propone un tercer vel que es el que utiliza para entender la operación de alienación.  Si se eligiera una de las dos posibilidades la otra quedaría eliminada y si se elige la primera, condicionaría la anterior.

Es la proposición:  “La bolsa o la vida”.  Si se elige la bolsa, se perderán ambas, al no tener vida tampoco tengo la bolsa.  Y si se elige la vida, será una vida cercenada porque habrá una falta, la bolsa.

Para poder entender mejor estas operaciones tenemos que recurrir a la teoría de conjuntos.  Hay dos operaciones que podremos aplicar para entender mejor esta propuesta:

  • La unión (o reunión) de conjuntos
  • La intersección de conjuntos

En el primer caso, unión de conjuntos, es una operación que nos permite unir dos o más conjuntos para formar otro conjunto que contenga todos los elementos pero sin que se repitan.  Si tenemos un conjunto A con una cantidad de elementos y lo queremos unir a un conjunto B, tendremos un tercer conjunto que tendrá todos los elementos de ambos conjuntos pero sin repeticiones (así se distingue de la suma)

Ejemplo:

A = ⎨a; b; c⎬

B = ⎨c; d; e⎬ 

A ∪ B = ⎨a; b; c; d; e⎬

 

Si fuera una suma, sería:

A + B = ⎨a; b; c; c; d; e⎬

La intersección de conjuntos consiste en una operación que permite formar un conjunto sólo con los elementos comunes a ambos conjuntos.  Si utilizamos el ejemplo anterior, sería:

A = ⎨a; b; c⎬

B = ⎨c; d; e⎬ 

A ∩ B = ⎨c⎬

 

Volviendo a la unión (o reunión) de conjuntos, tenemos que en el caso de la alienación, dice Lacan, el vel queda definido por una elección cuyas propiedades dependen de que en la unión, uno de los elementos entrañe que sea cual fuere la elección, su consecuencia sea ni lo uno ni lo otro.  La elección consiste en saber si uno se propone conservar una de las partes, ya que la otra parte desaparece de todas formas.

Esta reflexión nos lleva a pensar en el ser y el sentido donde en esa unión que produce la alienación aparecerá el sin sentido.  

 

Aparecen aquí elementos que debemos tener en cuenta ya que Lacan señala que la consecuencia de la alienación es que la última instancia de la interpretación no reside en que nos entregue las significaciones de la vía por donde anda lo psíquico que tenemos ante nosotros.  Este alcance, dice Lacan, no es más que un preludio.  El objetivo de la interpretación no es tanto el sentido sino la reducción de los significantes a su sin-sentido para así encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto.

Volviendo al vel que daba cuenta de esa tercera posición:  “la bolsa o la vida”, en referencia a Hegel, Lacan toma esta primera alineación como punto de partida hacia la esclavitud ya que si la proposición fuera “la libertad o la vida”, si elegimos la libertad perderíamos la vida, lo que no nos permitiría disfrutar de esa libertad.  En tanto que sacrificamos la libertad para conservar la vida, tendremos una vida cercenada, sin libertad.  Evidentemente, el discurso capitalista lo tiene bastante claro.

Pero yendo más allá, Lacan nos señala una proposición que podríamos calificar de “paradójica”.  Si nos planteamos como proposición “libertad o muerte”, llegaremos a la conclusión que, como señala Lacan:  “la única prueba de libertad que pueda darse sea justamente elegir la muerte.

La segunda operación, la separación, es la que lleva a su término la circularidad.  En este caso, ocuparía la parte superior del rombo.  Y no está relacionada con una unión sino con una operación de intersección y Lacan la ubica en la lúnula, en ese espacio creado en el diagrama, en el cual se ve claramente esa intersección (donde vemos los elementos comunes a ambos conjuntos).

En esta operación, ya nos va anticipando que se ubicará el campo de la transferencia.

En este punto, Lacan busca la etimología para vincular el término separar (séparer, en francés) con se parare, en latín, que está vinculado con parir, “parirse”… 

En esta última parte de la clase, se va anticipando a la clase siguiente, en la cual profundizará sobre esta operación de intersección, de separación planteándola como surgiendo de la superposición de dos faltas.

El sujeto, dice Lacan, encuentra una falta en el (gran) Otro, en la propia intimación que ejerce sobre él el Otro con su discurso.  En los intervalos del discurso del Otro surge en la experiencia del niño algo que se puede detectar en ellos radicalmente:  por qué me dice eso, pero ¿qué quiere?

Es interesante este pasaje porque da cuenta de un proceso metonímico.  Cito a Lacan: “Este intervalo que corta los significantes, que forma parte de la propia estructura del significante, es la guarida de lo que en otros registros de mi desarrollo, he llamado metonimia.  Allí se arrastra, allí se desliza, allí se escabulle, como el anillo del juego, eso que llamamos deseo.  El sujeto aprehende el deseo del Otro en lo que no encaja, en las fallas del discurso del Otro, y todos los “por qué” del niño no surgen de una avidez por la razón de las cosas; más bien constituyen una puesta a prueba del adulto, un “¿por qué me dices eso?” re-sucitado siempre de lo más hondo; que es el enigma del deseo del adulto.”

Una falta cubre a la otra. Es decir que el punto de intersección entre el conjunto “sujeto” y el conjunto “(gran) Otro” es la falta.

  

 

Esta clase nos ayuda a entender esos recursos que Lacan llama “artificiosos”, por qué los utiliza, más allá de las traducciones o interpretaciones.  El rombo (o losange en francés) representa estas dos operaciones que están vinculadas a varios conceptos trabajados aquí:

-el (gran) Otro

-el corte

-el borde

-el efecto letal del significante

-la afanisis o fading

-el sin sentido

-la falta

-el deseo, la metonimia

Muchas veces tendemos a organizar los conceptos con una lógica descriptiva y temporal: primero una cosa y luego la otra.  Por eso pensamos primero la alienación y luego la separación, aunque Lacan insista que son dos operaciones simultáneas y forman parte de una circularidad.  

Como dice Pablo Muñoz, “Allí alienación y separación operan en simultaneidad:  alienación en la medida en que el sujeto ha de pasar por los significantes del Otro, no hay sujeto sin Otro, no hay autofundación subjetiva; y simultáneamente, el sujeto no es ninguno de esos significantes del Otro.  Es decir:  el sujeto no es sin los significantes del Otro (alienación), a la vez que no es ningún significante del Otro (separación).

Pero en eso que decíamos… en esa organización descriptiva y temporal… tendremos que tener en cuenta que hay cosas que escapan a esa lógica… si no, pensemos en lo inconsciente.