Nuevos malestares en la cultura

Nuevos malestares en la cultura

Ponencia presentada en el Congreso de la Fundación Europea para el Psicoanálisis “La violencia, lo sexual, la prohibición del incesto; actualidad de enfoques psicoanalíticos y psicopatológicos”, Paris, octubre de 2023

El título de esta presentación, en cierta medida, da cuenta de algo que Freud y todos los psicoanalistas, ponemos en el centro de nuestra reflexión.  El malestar.  La primera referencia que encontraremos es un texto de 1929, traducido al español como “El malestar en la cultura” y al francés “Malaise dans la civilisation”.  Es un texto muy rico y amplio en conceptos.  Podríamos pensar que, como otros escritos de Freud, tiene la característica de hacer un intento de condensación de la teoría.  Ciertamente, en este texto se abarcan conceptos que han sido presentados y trabajados en otros momentos del desarrollo teórico de Freud.

El malestar en la cultura es un texto que podríamos considerar como pesimista.  Pensemos que fue escrito en una situación política y social compleja.  Nos referimos al período entre la primera y la segunda guerra mundial.  Si bien no se podría prever la magnitud de esa guerra, teniendo en cuenta la primera guerra (la gran guerra), podemos entender el carácter pesimista de Freud.  Es importante señalar que los momentos políticos y sociales que vive una sociedad, influyen, en cierta medida, en las elaboraciones teóricas imperantes.

El psicoanálisis no pretende abordar la problemática de un sujeto aislada de un contexto histórico y social.

En este sentido, nos parece importante señalar que durante la presentación del libro “La represión” en Barcelona, Gérard Pommier señalaba que el concepto de represión (que en español contiene una ambigüedad ya que se usa el mismo término para el aspecto sociológico y el psicoanalítico) en gran medida está influido por término sociológico:

(…)  -la represión -psicoanalítica- es un movimiento individual, solitario, autónomo, en tanto que la represión -sociológica- viene de la cultura y a su manera, con efecto retroactivo, da forma a la represión.  En cierta forma, una no existe sin la otra, pero basta con distinguirlas para ver que el levantamiento de la represión -psicoanalítica- (si se produce) va a trastocar el movimiento represivo de la sociedad.  Es el movimiento mismo de la sociedad.  Una revuelta en principio solitaria es la chispa del movimiento de la historia.  Millones de mujeres, en un comienzo solitarias se revelaron contra sus condiciones, a veces sin siquiera saberlo, antes de que eso tuviera sentido (…)

En el texto de referencia, Freud plantea una posición agresiva del sujeto.  Algo así como un deseo de odio y de destrucción que el ser humano lleva en sí mismo.  Siguiendo el hilo de nuestra propuesta para este congreso, podríamos pensar que este odio está fundado en deseos incestuosos y parricidas.   Pero no nos centraremos en el incesto que ya ha sido abordado por muchos colegas en este encuentro.  Intentaremos pensar en la violencia y en cómo van apareciendo nuevos factores para poder reflexionar sobre ese malestar.

Cuando Freud escribe este texto, la sociedad aún no contaba con muchos avances tecnológicos.  No existía ni internet ni las redes sociales.  Tampoco había una apertura social en lo referente a lo sexual.

La teoría freudiana se centra en lo sexual.  Lo sexual, lo pulsional, que excede en un quantum que no puede ser tramitado.  La cultura aparece como un límite a ese exceso pulsional.  Límite que puede ser pensado como una forma de dar seguridad y tranquilidad al sujeto, pero que a la vez, genera un malestar por la renuncia pulsional.  Lo que llevaría al sujeto a un movimiento exogámico, renunciando a los deseos incestuosos. 

La prohibición del incesto ha sido estudiada por diferentes disciplinas.  Levy Strauss, en las Estructuras elementales del parentesco, señala que en las diferentes tribus que ha estudiado, la prohibición del incesto permite establecer una “ley” que dará lugar a un orden simbólico que permitirá que la sociedad se establezca y pueda sobrevivir pasando de la naturaleza a la cultura.

Después de la muerte de Freud, el psicoanálisis se va dispersando por diferentes líneas de pensamiento que se van apartando de las ideas centrales propuestas por su creador.  Lacan irrumpe en el pensamiento psicoanalítico como una propuesta para volver a Freud pero con aportes que nos ayudarán a poder pensar cuestiones tan centrales como la violencia, el incesto, la sexualidad… que son los temas que nos convocan en esta ocasión.

En el seminario “El reverso del Psicoanálisis”, Lacan aborda los cuatro discursos que son modelos abstractos que representan las relaciones entre el sujeto, el otro, el lenguaje y el poder.   De esta manera, tenemos:

-El discurso del amo

-El discurso universitario

-El discurso histérico

-El discurso del analista

No podemos dejar de relacionar el discurso del amo con el discurso capitalista.  El capitalismo como sistema utiliza mecanismos de poder asumiendo en cierta forma el discurso del amo.

Sería ingenuo pensar que las prácticas que sostienen el discurso capitalista surgen a partir de la teoría marxista.  El poder, vinculado al dinero y a la dominación ha existido a partir del momento en que se genera riqueza, es decir cuando se pasa de la caza / recolección a un modelo de acumulación de bienes con la agricultura y la ganadería.  También con la creación del dinero.

En cierta medida podríamos pensar que existe un vínculo entre los discursos antes citados, pero Lacan señala que el único discurso que se separa claramente es el discurso del analista.  Podemos pensar que tanto en el discurso del amo como en el discurso universitario hay una suerte de objetivización del sujeto.  El sujeto deviene un objeto para el discurso universitario: se puede estudiar y para el discurso del amo: podrá ser sometido (para que siga consumiendo -discurso capitalista-).

El discurso psicoanalítico aparece como un discurso “otro”, no como otro discurso sino como un discurso singular en la medida en que la posición ética del sujeto no estará regida por las normas sociales ni por las expectativas de la sociedad.  La propuesta psicoanalítica apunta al deseo, a la singularidad dentro de un marco ético que respete la condición humana.

En “El malestar en la cultura” Freud sostiene que ese malestar está generado por una renuncia pulsional por las limitaciones que impone la cultura y las exigencias de la sociedad.  A partir de esta afirmación podríamos preguntarnos qué sucede en la época actual, en la cual no podríamos hablar de una represión sexual en la misma forma que se daba a comienzos del siglo XX.  Pero lo sexual sigue estando en juego.  Justamente no se ha producido una desexualización de la sociedad.  Muy por el contrario estamos en presencia de una hipersexualización de la sociedad que se expande de manera vertiginosa.

Podríamos pensar otra forma de entender ese malestar como una especie de incitación, de empuje al goce.  Un goce sin medidas que busca acallar lo sintomático e incitar y empujar a un consumo sin medidas.

El avance tecnológico que se viene produciendo desde mediados del siglo XIX y lo sigue haciendo de manera vertiginosa (pensemos en los últimos 20 años) presentará nuevos desafíos para la sociedad y para nosotros como psicoanalistas.

Conceptos como tweet o post, o trending topic, online, whatsapp, audio, etc ya son cotidianos y pueden crear tendencias desde el punto de vista sociológico.

En este exceso de información que no permite distinguir lo fidedigno de los falso aparece lo sexual y lo violento como otra forma de generar ganancias (consumidores) y también penetrar en la intimidad del consumidor (dejando rastros en sus dispositivos).

Hace 40 años el consumo de pornografía estaba limitado a determinados espacios a los que solamente se podía acceder siendo mayor de edad.

En la actualidad cualquier persona que tenga un dispositivo con acceso a internet (un smartphone, por ejemplo) puede acceder.  Incluso un niño.

En cuanto a lo político, económico y social, en los últimos 70 años vemos como los movimientos políticos han ido cambiando hacia una suerte de privatización del sujeto, en el sentido del repliegue hacia la esfera privada.  El estado de bienestar como propuesta al fantasma del comunismo en el bloque soviético ha caído como paradigma.  Los estados occidentales ya no están dispuestos a sostener un sistema.  En este contexto, el concepto justicia social se ve como algo lejano e incluso inalcanzable.

Las privatizaciones, los recortes en sanidad y servicios sociales han dado lugar a discursos políticos de extrema derecha bajo banderas nacionalistas.  Esos mismos discursos son los que, en cierta medida, incitan a la violencia e intentan recuperar una estructura de poder disfrazada con discursos de libertad.

En este contexto, desde la psicología y desde la psiquiatría las respuestas a este malestar, consisten en fórmulas o drogas destinadas a acallar lo sintomático.

Los manuales psiquiátricos constituyen obras de referencia para poder clasificar, etiquetar y controlar a los sujetos alienados.  Alienados por el mismo sistema que los cosifica y los incorpora como elementos que forman parte de un sistema de producción/consumo.

Las investigaciones en el campo de la psicología y de la psiquiatría, en su mayoría, están financiadas por empresas farmacéuticas y tienen como objetivo incorporar al mercado tal o cual medicamento.

En algunos casos creando trastornos o síndromes tratables con medicación, como por ejemplo el TDAH  -trastorno por deficit de atención e hiperactividad-.  

El discurso del amo y su correspondencia con el sistema capitalista no solo tienen efectos políticos, económicos y sociales.  También influyen en la subjetividad del individuo y en la forma en que se relaciona con los otros.

Desde nuestra perspectiva, la propuesta es cuestionar modelos impuestos por el discurso dominante y pasar de una posición de mirada y clasificación para diagnosticar y tratar desde un lugar de poder, a una posición de escucha activa tendiente a una intervención que tenga como objetivo asumir el deseo como deseo decidido.  Entendiendo este concepto dentro de las posibilidades de asumir el deseo y en el marco de una posición ética que respete la condición humana.

Frecuentemente se opone naturaleza a cultura pero seguramente el ser humano no podría haber sobrevivido sin la cultura.  El malestar del cual nos hablaba Freud sigue existiendo adoptando diferentes formas.  La violencia, la hipersexualización, el avance de posiciones radicales son, tal vez, nuevas expresiones de ese malestar.

A eso podemos agregar la rapidez y la falta de veracidad con que se expanden noticias.  Al punto tal que no es posible verificar la legitimidad de una afirmación.  En ese punto aparecen las conocidas “fakes news”.   Algo parecido se intenta hacer con el psicoanálisis, al cuestionar sus principios.  En redes sociales, en medios de comunicación, encontramos infinidad de falsas noticias que intentan deslegitimar al psicoanálisis.

También será nuestra tarea revertir esa tendencia.