Seminario X “La Angustia” de Jacques Lacan Clase del 15 de mayo de 1963

Seminario “El Psicoanálisis y sus psicoanalistas”
Seminario X “La Angustia” de Jacques Lacan
Clase del 15 de mayo de 1963

A cargo de Alejandro Pignato.  15 de febrero de 2021

En la lección del 15 de mayo de 1963, Lacan continúa su desarrollo teórico del objeto “a”.  Como ya lo había anticipado anteriormente, añadirá nuevos objetos a la lista de objetos freudianos: la mirada y la voz.
En la clase anterior, haciendo referencia al budismo, Lacan afirma que “el deseo es ilusión”.  La función de corte cobra importancia fundamental para introducir sentido e indagar dónde está el señuelo.  Este concepto de corte producirá un viraje en la posición freudiana en cuanto al complejo de castración, hacia la idea de separación o “separtición” usando el neologismo propuesto por Lacan.
Esa separtición, pensada desde una perspectiva topológica, es lo que lleva a afirmar que el punto de angustia está a nivel del Otro.
Estos desarrollos teóricos nos permiten ver cómo Lacan va apuntando a una construcción topológica en la cual los registros real, simbólico e imaginario están enlazados o más específicamente, anudados.
La angustia, ya lo hemos comentado a lo largo de estos encuentros, es lo que Lacan considera como la vía de acceso al lo real.  En la primera parte de esta clase, hay una distinción con la posición positivista o científica por medio de la cual se piensa a la angustia como un síntoma a tratar, incluso desde lo cognitivo mediante un significante imperativo (referencia a Kant) que se modula como consejo.  La propuesta lacaniana va por otro lado, opuesto al discurso del amo.

Empezaremos a pensar la lectura de esta clase partiendo de una frase que Lacan retoma de la clase anterior:  “el deseo es ilusión”.  Esta afirmación está sustentada en el hecho de que la ilusión hace referencia al registro de la verdad.  Y para ello quedaría por precisar la función del ser.  Decir que el deseo es ilusión es decir que no tiene soporte, que no desemboca en nada, ni apunta a nada.  Lacan sostiene esta afirmación en la medida en que el deseo siempre se dirige a otra parte, a un resto constituido por la relación del sujeto con el Otro (otro, aclara Rodríguez Ponte) que allí viene a sustituirse.
Y nos dice Lacan que para localizar el deseo tenemos que intentar situar dónde está el señuelo,  donde está aquello que engaña.  Para ello, nos propone ligarlo a la función de corte, es decir a ponerlo en cierta relación con la función de resto.  Esa función de resto, la vinculamos con aquello que no se había llegado a libidinizar, es decir, ese resto que es el  -phi.  Ese resto, dice Lacan, es lo que sostiene al deseo, lo anima y es lo que enseñamos a localizar en la función analítica de objeto parcial.
Otra cosa, dice Lacan, es la falta que está ligada a la satisfacción.  Lo que crea la angustia, está vinculado a la falta; ya lo habíamos visto anteriormente: cuando falta la falta, aparece la angustia.  Pero para poder entender esto, dice Lacan, habrá que localizar lo que él llama punto de angustia.
Nos propone entonces volver al complejo de castración.  Freud, en su elaboración  del complejo de castración se topa con un impasse, es decir con un callejón sin salida.  Lacan propone franquear ese impasse, superarlo y para ello nos lleva a volver a pensar en el funcionamiento de la pulsión en el nivel oral.
Y en esta vuelta a la pulsión oral, nos propone pensar en la función de corte del objeto, el lugar de la satisfacción y el de la angustia.
-¿Función de corte?  Esto nos lleva a pensar en los labios, en el borde que implica la posibilidad de hacer un recorte de ese objeto (también hay una referencia a los dientes).
-¿El lugar de la satisfacción?  Podríamos pensarlo desde la primera propuesta freudiana de las pulsiones; en las que oponía las pulsiones de autoconservación a las pulsiones sexuales; pero luego, con “Más allá del principio de placer” ambas se ubicarán en lo que Freud llamó “pulsiones de vida”.  Recordemos que había una relación de “apuntalamiento” entre las pulsiones de autoconservación y las pulsiones sexuales.
-¿El lugar de la angustia?  Eso ya nos lleva al desarrollo que Lacan está haciendo a lo largo de todo este seminario.  Y para ello podemos pensar en el punto de confluencia del objeto “a” con el -.

Volviendo a los labios con esa función de borde, Lacan también hace referencia al nivel de la articulación significante ya que tanto “mamá” como “papá” empiezan con consonantes labiales.  Algo que podríamos relativizar porque sólo lo podríamos aplicar a las lenguas indoeuropeas, es decir aquellas que derivan del sánscrito.
Entonces a esa función de borde y de corte (que incluye los dientes);  permitirá, en los primeros fantasmas, la función de despedazamiento (dice Lacan) como inaugurante.
El corte (y la separación) permitirá concebir al objeto no ya como parcial sino como separado, aislado, diseccionado.  Y en esta línea de pensamiento, Lacan nos lleva al destete, es decir a la separación.  Jacques-Alain Miller en su libro La Angustia, nos dice “que la angustia es la vía que permite acceder a lo que es anterior al deseo y su objeto.  ¿Qué es lo anterior al objeto del deseo?  El objeto real, cuyo paradigma es el seno, el objeto oral”.  Miller nos remite al seminario de “La relación de objeto”:  la relación con el seno es la relación más primitiva del sujeto con el objeto real”.  Pero hay otra separación, una separación primordial, a saber, la del nacimiento.
Más allá de la referencia al trauma del nacimiento que en su origen fue una hipótesis sostenida por Otto Rank (y también por Freud), nos parece importante señalar que este primer acto de separación es también una separación que permitirá  también desprenderse de esas “envolturas”.
En este punto, señalamos que Lacan aquí está poniendo el foco en el órgano, no está hablando a nivel del significante.  Pero esto no quiere decir que no se enlace con lo simbólico.
¿En qué medida?  En la medida en que esta partición, esta separación también lo es a nivel significante.  Desde la perspectiva lacaniana vemos que el lenguaje precede al sujeto y , más específicamente el significante, es el que lo secciona, lo despedaza.  Antes del lenguaje el sujeto es,  podríamos decir, un “continuum” y será el lenguaje el que seccionará eso que llamaremos “brazo” que irá desde el hombro hasta la punta de los dedos.
Miller dice que Lacan, al escribir el – resume el conjunto de lo que se produce en la mecánica compleja de la falta del objeto,  para aportar lo contrario de la falta de objeto, a saber su presencia allí donde no se puede atrapar.  Esto hace, dice Miller, que “Lacan se interrogue, en un segundo tiempo de este seminario, sobre la subjetivación de los datos anatómicos.  Pero, en el punto de partida, el abordaje de la particularidad anatómica se hace con crudeza.  Al no regirse más por el significante sino por el órgano, Lacan puede aumentar la lista de objetos.  Al arrancar el estatuto de objeto del significante puede añadir, en este seminario, la mirada y la voz”.
En este punto, no creemos que Lacan ya no se rija por el significante sino que abordar la objetalidad en función del órgano es uno de los pasos que propone en su elaboración teórica para enlazar (o más específicamente) anudar los tres registros en su elaboración topológica.
Separación primordial, función de corte que se da ya en el nacimiento y que permite al feto convertirse en un individuo (o sea que no se podrá dividir, desde el punto de vista orgánico) arrojado al mundo exterior y sus envolturas que forman, dice Lacan, parte de él mismo.  Y todo este desarrollo que hace, es a partir de la especificidad de la organización de los mamíferos.
En este punto, señala una diferencia entre los monotremas que son los mamíferos más primitivos (equidna y erizo) y los únicos que, si bien son mamíferos, se desarrollan en un huevo y los marsupiales (ejemplo del ornitorrinco).  Ninguna de estas dos especies tiene placenta.  Ambos desarrollan su gestación en un huevo, la diferencia es que en el caso de los marsupiales habrá una bolsa llamada incubatorium. Bolsa que no es una placenta sino que está en el organismo materno.  Lo significativo, nos dice Lacan, es que en ninguno de estos dos casos (monotremas y marsupiales) existe una relación placentaria con el organismo materno.  La mama, sin embargo, ya existe y en el caso del ornitorrinco, es un hueco en donde el cachorro insertará el pico y será él quien la estimule.  Con estos ejemplos vemos que en la mayoría de los mamíferos hay placenta y lo podríamos pensar como un primer objeto “amboceptor”, es decir un objeto que se alimenta, recibe estímulos de dos partes: del organismo materno y del feto; pero hay algo que está presente en todos los mamíferos (y que los clasifica):  la mama.  Y la mama, en sí también es un objeto amboceptor ya que como objeto parcial, separado, oral, es lo que conecta con la madre.  Con la madre hacia el niño y con el niño hacia la madre.
Y aquí es donde Lacan plantea que el punto de angustia está situado más allá de ese objeto (que es la mama):  está en la madre.  Nos señala que el corte reside entre la mama y el organismo materno.  De esta manera estarán de un lado la mama y el niño.  La mama se presenta como un objeto implantado, agregado y recortado que se ubica entre la madre y el niño, funciona “estructuralmente” como el objeto “a”.
Nos parece interesante señalar aquí que, a diferencia de la teoría kleiniana en la cual el pecho aparece como un objeto receptor de proyecciones e introyecciones de elementos pre-edípicos, Lacan nos lleva a pensar la relación de objeto, a nivel de órgano, enlazada con el fantasma.  Y como una relación estructurante para la subsistencia, el sostén de la relación con el deseo.  Justamente, nos dice que ese objeto ulteriormente se convertirá en el objeto fantasmático, en el Otro, a nivel de la madre (…).
Luego Lacan nos habla de una función llamada de “vampirismo” ya que el niño se comporta como un pequeño vampiro en la succión, en la cual participará la lengua para producir un vacío.  Estos tres elementos: seno, lengua y vacío añaden dice Lacan, la dimensión de una falta realizada más allá de lo que la angustia encubre de temores virtuales: el agotamiento del seno.
En este punto de la clase, señala esa distinción entre punto de angustia y punto de deseo, es decir que el punto de angustia esta a nivel del Otro.  El seno representa el objeto “a” pero la angustia está más allá de ese objeto, está a nivel de la madre.

“La anatomía es el destino”, dice Freud y Lacan nos lo señala en el sentido etimológico, en el sentido de vivisección, esa división o separación que le permite crear el neologismo “separtición”.  Es importante señalar que tanto Freud como Lacan eran médicos, tal vez por este motivo podían vincular conceptos que están a un nivel orgánico.  Podríamos pensar por qué Lacan crea este neologismo, tal vez porque esa separación/partición se hace en el mismo sujeto.  En la medida en que haya un corte, una separación, el pequeño podrá sobrevivir.  De hecho, podemos pensar que hay partición desde un primer momento.  Cuando se produce la fecundación el óvulo pasa a llamarse huevo o cigoto y en su interior comienzan a producirse una serie de divisiones (o particiones).
Pero a nivel del objeto “a”, del seno, ese recorte, se hallará inscrito en la estructuración del deseo.
Este punto particular de la clase nos lleva a pensar en la reformulación de la castración, es la forma por medio de la cual Lacan va más allá de ese impasse, de ese callejón sin salida con que se topa Freud con el complejo de castración.  Castración o más específicamente eviración (es el termino específico para la castración en el hombre).

A lo largo de este seminario, vamos viendo que hay un hilo conductor que aparece constantemente: la angustia no es sin objeto, la angustia es la vía de acceso a lo real y el concepto de corte, de separación.
Al comienzo de la clase, Lacan cuestiona en alguna medida que el objeto fálico esté en la misma posición que los otros (anal y oral).  Y lo paradójico que señala es que el objeto fálico está ligado no solamente a la copulación sino también a la separación.  Con esta reformulación ya podemos pensar en esa angustia como pérdida y como separación.  La castración o más específicamente eviración, dirá Lacan estará en el registro del Otro.  Dice Lacan:  “si no hubiera Otro -y poco importa que aquí ese otro lo llamemos la madre castradora o el padre de la interdicción original- no habría castración”.
En cierta forma, al pasar de la castración (en la cual hay una privación de órgano) a la idea de separación  se abre la vía para que, por medio de la separación de los órganos, el falo simbólico pierda su primacía.
Podemos pensar entonces que Lacan propone un giro en la lectura de la castración en la medida en que ya no se trata de la castración edípica sino que está vinculada a la desaparición (simbólica – Lacan habla de “detumescencia”-) del órgano fálico en el momento del orgasmo.
A partir de aquí Lacan ubica dos puntos de angustia que son homólogos pero que están invertidos en la pulsión oral y en el orgasmo mismo, como experiencia subjetiva.  Es decir, en esa imagen de vampirismo del niño, recordemos, Lacan nos decía que existía la angustia por temor al agotamiento del seno, “el punto de angustia está a nivel del Otro, a nivel del cuerpo de la madre”.   En cambio, en el caso de la copulación (cito a Lacan) “la existencia misma del mecanismo de la detumescencia  (…) basta ya por sí sola para marcar el vínculo del orgasmo como algo que se presenta verdaderamente como la primera imagen, el esbozo de lo que podemos llamar el corte, la separación, el aflojamiento, afánisis, desaparición en determinado momento de la función de órgano”.
En este punto podemos abordar la paradoja que existe entre punto de angustia y orgasmo.  Pregunta que formula Lacan al señalar que en el orgasmo acaso haya la certeza ligada a la angustia.  Pero también sugiere que el orgasmo es, de todas las angustias la única que realmente se acaba.  Hay una simetría (reversión, que podríamos pensar como un cambio o como una nueva versión) entre punto de angustia y punto de deseo.
Aquí vemos que, Lacan se distingue de un análisis freudiano, en el cual el fin de análisis estará vinculado a una reivindicación fálica, exaltada en la transferencia en tanto que a lo largo de este seminario nos dice que desde el análisis lacaniano la transferencia es utilizada como señuelo.
Dice Lacan:  “ningún falo para siempre, ningún falo omnipotente es de naturaleza tal como para cerrar la dialéctica de la relación del sujeto con el Otro y con lo real, por algo cualquiera que sea de un orden apaciguante”.
En este punto, introduce la última parte de esta clase, nos habla de otro órgano: el ojo.  El ojo no es un órgano específico de los mamíferos.  Aparece en la mayoría de las especies y en algunas que están totalmente alejadas de la nuestra.  Pero señala:  es un órgano doble y funciona en dependencia de un quiasma, es decir un entrecruzamiento de partes simétricas.  Pero Lacan nos señala que la simetría pura no existe.  Y no va a llevar nuestra atención solamente sobre el órgano “ojo” sino sobre la función de la mirada.
El ojo tiene una función de espejismo y es ante todo, espejo.  Lo habíamos visto cuando en la clase anterior hablaba del deseo como ilusión.
A partir de aquí Lacan nos lleva a la fascinación que produce la mirada, no solo en la especie humana, en otras especies también.
También hace referencia a la posibilidad de la existencia de un tercer ojo, que podríamos ubicarlo en medio de los dos ojos y que algunas teorías suponen que está alojado en la epífisis.  Ese tercer ojo sería aquel que puede ver más allá de lo que se ve.
Al introducir al ojo como objeto parcial, Lacan nos dice que “aparece como correlativo del a minúscula, función del objeto del fantasma, es algo que podemos llamar punto cero , cuyo despliegue por todo el campo de la visión, es lo que da a ese campo, fuente para nosotros de una suerte de apaciguamiento, traducido desde hace mucho, desde siempre, con el término de contemplación, de suspensión del desgarramiento del deseo,  suspensión, por cierto, frágil, tan frágil como un telón siempre pronto a replegarse para desenmascarar el misterio que oculta”.
En este punto podemos pensar, por un lado, la idea del ojo como espejo y que se halla en el lugar del objeto “a”.  Por otra parte, esa fascinación que produce la función del ojo, es decir la mirada, que como dice Lacan podemos pensarla como contemplación, desgarramiento del deseo, suspensión… pero también señalamos que esa fascinación de la mirada también lo es de parte de un depredador.¿Y cómo relacionamos el ojo con la función de corte?  Por un lado, los párpados ya nos dan una idea de corte pero la función de la mirada misma implica un recorte.  Tal vez la mirada sea,  en mayor medida un objeto preponderante con respecto al deseo.  El dicho popular dice “lo primero entra por los ojos”, pero también sabemos que la mirada no nos permite ver todo, sabemos que hay algo más allá de la imagen (si no, no habríamos fantaseado con un tercer ojo).  Lacan ya nos lo ha dicho antes en esta clase:  “El deseo, yo les enseño a localizarlo, a ligarlo a la función de corte, a ponerlo en cierta relación con la función de resto.”
Ese corte y ese resto me recordó el chiste de una mujer que llama a la policía porque el vecino de enfrente estaba desnudo.  Y cuando llega la policía le dice:  -Señora, su vecino está desnudo de la cintura para arriba.  Y la mujer le contesta: -Sí,  pero súbase a este banquito y va a ver que está desnudo
No se puede ver todo ya que como bien lo señala Lacan en esta clase al afirmar que el deseo es ilusión: “Es fácil sonreír por la rapidez de la aserción de que todo no es nada”.