Seminario XII. Problemas Cruciales para el Psicoanálisis. Clase VI, del 20 de enero de 1965

Lacan comienza esta clase anticipando que tratará un problema (crucial) para el psicoanálisis que es el de la identificación.  Cabe señalar que la propuesta lacaniana es la opuesta a ubicar al analista en el lugar del ideal del yo y que al final de un análisis el paciente se identificaría al analista.
Volviendo a la identificación, como ya lo había hecho anteriormente, en esta clase volverá a insistir en marcar las diferencias que existen entre pensar estas cuestiones desde la lógica formal y el psicoanálisis.
El positivismo lógico se propone analizar la estructura del lenguaje quitando el contenido.  Tal vez, uno de los objetivos es evitar todo tipo de confusiones o de ambigüedades y contradicciones, utilizando las herramientas de la lógica matemática.  Podríamos pensar que un obstáculo al positivismo es el hecho de que el lenguaje plantee paradojas o contradicciones.  Algo que, desde el psicoanálisis, eso lo sabemos, será rechazado de plano.
En este diálogo con el positivismo lógico aparece la paradoja del conjunto universal, o también podríamos decir el conjunto que contiene a todos los conjuntos pero no se contiene a sí mismo.
El ejemplo más conocido es el catálogo que contiene a todos los catálogos de una biblioteca pero al no contenerse a sí mismo, no contiene a todos los catálogos.  La pregunta sería si es posible hacer un catálogo de catálogos que no se incluyen a sí mismo.  Ese catálogo universal podría estar incluido porque no podría contenerse a sí mismo.
Estamos aquí pensando en una lógica que plantea contradicciones al quedar siempre un elemento que queda por fuera.  Justamente de eso se trata en psicoanálisis, de que hay algo que queda por fuera, de que hay una falta.
Otro elemento que señalamos aquí es cuestionar el principio de identidad.  ¿Por qué? Porque un significante no es igual a otro, un significante es pura diferencia.  El ejemplo que podemos dar es el tipo de frases que utilizan dos sintagmas aparentemente iguales pero que, evidentemente, no son lo mismo:  “una madre es una madre”.  El primer significante “madre” no tiene el mismo significado que el segundo.  Como no hay una identidad de significante a significante, sino que el sujeto es un significante para otro significante, éste, necesitará identificarse.
Aquí vemos la crítica que hace Lacan al concepto de clases, relaciones y números de la lógica positivista, lo que le llevará a criticar los círculos de Euler.
Tal vez sea más familiar para nosotros hablar de diagramas de Venn, la diferencia es que en los círculos o diagramas de Euler, no necesariamente se representan todas las intersecciones.
Estamos hablando de una forma de representación por medio de círculos, que permitirán representar de manera gráfica estas clasificaciones.  Pero los círculos se enmarcan en una representación geométrica plana.  Más allá de señalar que, como lo dice Lacan, hay una relación de entre la representación de una imagen (círculo) y una esfera, que sería la representación gráfica de un cuerpo.  Retengamos que tanto un círculo como una esfera poseen superficies, pero habrá que señalar diferencias con respecto a la esfera.  La superficie de una esfera es una superficie continua.
Entonces, pensamos en esta idea de comprensión y extensión, en el sentido de que una definición por extensión implica el poder nombrar a todos los elementos que están incluidos en un conjunto en tanto que la idea de comprensión (más allá de esta doble lectura tanto en francés como en castellano) nos lleva a la idea de aquello que está comprendido, incluido en un conjunto.
Dice Lacan que en el círculo imaginamos el conjunto numérico de los objetos sin poner el acento en las condiciones que implica la entrada en juego del número y que son radicalmente diferentes de las características clasificatorias.
Podemos pensar que se está refiriendo al cero (que la matemática lo ha resuelto como un “conjunto vacío”) que presenta un problema porque no estaría comprendido en la clasificación.  El problema lo encontramos cuando pensamos en una escala de números del 0 al 10, por ejemplo.  Si incluimos el 0 habrá 11 números en lugar de 10.
Como vemos, estamos en el orden de lo que incluye o no incluye, en el adentro y en el afuera.
Podríamos preguntarnos qué diferencia hay en un aspecto vinculado a la geometría plana y a las propiedades topológicas.  La topología es un capítulo de la geometría que estudia las propiedades que permanecen invariables a través de una deformación.  Nos lleva, en cierta medida, a plantearnos aspectos que a simple vista parecen sencillos pero que, en realidad, son muy complejos.
La banda de Moebius es una superficie topológica que presenta características particulares  y que podríamos pensar como paradójicas.  En la medida en que si imagináramos un objeto que de desplaza por la superficie de la banda, habrá momentos en los que está en una cara de la banda y otros en los que estará en la otra.  Volveremos a la topología luego.
Cada lengua tiene su particularidad y muchas veces resulta complicado reproducir exactamente el equivalente de una expresión en la otra y, sobre todo, el efecto que produce tanto desde la homofonía y también desde la etimología.  El caso es que en francés existen dos palabras para designar algo que en castellano usamos una.  Me refiero a la diferencia entre “nombre” (número) y “numéro” (número).
“Nombre” en francés se refiere al conjunto de números en tanto que “numéro” se refiere a la cifra que designa un lugar en una sucesión progresiva.  Es importante señalar esto porque cuando nos referimos al conjunto, es decir a la palabra “Nombre” -en francés- vemos que incluye otra palabra francesa:  “nom” -en castellano nombre, sustantivo-.  O sea que en francés el significante que representa al conjunto de los números incluye la palabra nombre.
En este punto podemos pensar, teniendo en cuenta la homología de la palabra “número” (en francés “nombre”), con el nombre -aclarando que algo homólogo es algo que cumple la misma función- que Lacan da este rodeo para reafirmar el hecho de que (cito a Lacan) “llegamos a un esquema estrictamente homólogo del que aquí avanzo dando el significante que representa al sujeto para otro significante”.
La forma de ejemplificar esta propuesta está dada en que el 0, la falta -dice Lacan, es la razón última de la función del número entero; que el 1 originalmente lo representa y que el  1 es lo que va representar el 0 para otro 1.
Luego Lacan evocará un escrito de Pascal:  Pensamientos.  Pascal fue un pensador, matemático, físico y filósofo que ha hecho grandes contribuciones a la física (medición de la presión atmosférica en “hectopascales”).  Es considerado también como fuente de inspiración para la posición existencialista en filosofía.
¿Por qué Lacan cita a Pascal?
Como hemos visto, Lacan, además de poner en juego al lenguaje, ha utilizado juegos de palabras y también ha utilizado una palabra que no tiene equivalente en castellano:  l’enjeu, es decir lo que está en juego.  También pensó el análisis como un juego por el hecho de que hay reglas y que en cierto sentido hay apuestas.  En la clase del 19 de mayo de 1965, de este mismo seminario, Lacan aborda el tema del juego.  (en la traducción de Analítica es la clase 19 – en la versión de la EFBA es la clase 16 – versión francesa Staferla clase 19)  Se refiere particularmente al juego de la “morra” -en francés “mourre”, lo que equivaldría a entender también “jeu de la mourre / jeu de l’amour / juego del amor.  Es el equivalente de lo que nosotros conocemos como el juego de piedra, papel y tijera. Nos adelantamos a esta clase porque de alguna manera hay algo de la anticipación del tema a hablar de lo que se refiere al juego y a la apuesta.
Las referencias a Pascal pueden ser pensadas en dos aspectos.  Por una parte recordemos que Pascal trabajó sobre los cálculos de probabilidad y las apuestas.   Sólo quiero señalar aquí que Pascal, en su trabajo sobre apuestas y probabilidad, cambia la concepción con respecto a quién pertenece la apuesta.  Antes de la propuesta de Pascal se pensaba que cada jugador era el propietario de lo apostado hasta que terminara el juego.  Pero Pascal a través de su estudio matemático de las probabilidades sienta las bases del cálculo de probabilidad y permite que se reparta justamente lo apostado antes de que termine el juego.
Para el psicoanálisis lo que está en juego es el saber, el sujeto y el sexo.  Como no es posible acceder al sexo, el juego se reduce a la relación del sujeto con el saber.
El otro aspecto de la cita a Pascal que en cierta forma nos da paso a pensar en la topología es la referencia a una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.  Habría tres posibilidades de interpretar esta frase.  Por un lado, pensando en el aspecto religioso de Pascal, puede ser pensado en el sentido de la omnipresencia de Dios.  En un sentido matemático intentemos pensarlo en función de la idea de infinito y de un objeto con una superficie continua. Por último, podemos pensarlo en un sentido existencial:  la existencia es “omnipresente”.
Podríamos tener en cuenta la perspectiva vinculada a la topología que nos lleva a intentar hacer una aproximación de la superficie de Klein y por qué Lacan hace referencia a este modelo paradigmático.
En clases anteriores ya habíamos hablado de la banda de Moebius, del Cross-cap, del Toro.  Todos estos recursos, complejos, son utilizados por Lacan para profundizar con respecto a las posiciones subjetivas del ser.
Al final de este seminario Lacan señala:  “Este largo desarrollo está hecho para plantear e introducir lo siguiente:  que este elemento central, tomémoslo como tal, respeto a lo que ven aquí figurado en forma de una banda de Moebius, este elemento central que la completa y que la cierra, y que es lo que hace un instante llamé la porciúncula, esto, topológicamente, completa lo que hemos de decir de las posiciones subjetivas del ser.  Lo que, en la botella de Klein, de la banda de Moebius, se completa con una banda de Moebius simétrica y que la cierra bajo el aspecto de ese algo que parece un toro, tiene por equivalencia aquí otra cosa, de naturaleza diferente a la banda de Moebius, esta otra cosa es lo que, topológicamente, corresponde al objeto a” .
En la clase anterior surgía la pregunta de por qué la botella o superficie de Klein.  Como ya hemos visto es una superficie compleja y tiene la característica que haciendo un recorrido no podremos determinar cuál es el adentro y cual es el afuera.  Es una superficie de una sola cara y un solo borde, sin interior ni exterior.
En el breve texto que envié para plantear el enfoque que daría a esta clase, propuse intentar articular el recurso topológico para pensar la identificación y lo que representa en la clínica psicoanalítica.
Tal vez el punto significativo con respecto a la superficie de Klein es lo que Lacan llama punto de retroceso en la demanda, lo que hace que la demanda posea la cualidad de reversibilidad.
La espiral de la demanda, las espiras como él las llama (podemos pensar en las formas por medio de las cuales la demanda se manifiesta), al desplazarse a través de una porción “tórica” de la superficie de Klein adopta el sentido contrario (al de las agujas del reloj).

Es interesante destacar que en un párrafo importante de esta clase Lacan señala que la figura (superficie de Klein) es utilizada para captar la coherencia (cito a Lacan) “que hay en ese punto (si lo definimos, si lo determinamos como cerniendo las condiciones, los favores y también las ambigüedades y por lo tanto los señuelos de la identificación), a hacerles captar también la conexión de ese punto, y que le da su verdadero sentido, con lo que constatamos en nuestra experiencia (clínica) (…) a saber la reversibilidad esencial de la demanda, lo cual hace que, en el juego dinámico -aparece el juego aquí- de complejos, no hay, por ejemplo, fantasma de devoración al que no le supongamos que implique, que necesite en cierto momento (momento que por fuera de esta teoría resulta oscuro en su inversión propia), digo, que resulte de esta inversión y que ordene el paso al fantasma de ser devorado.”

 

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Luego Lacan, habiendo marcado las diferencias con los círculos de Euler, en el sentido en que al no precisar  en qué superficie descansa, puede definir dos campos estrictamente equivalentes en el interior y en el exterior.  En contraposición, nos propone abrir la botella o el toro (en la espiral de la demanda estaríamos en una parte tórica de la botella) hacer un corte circular.

Ese corte permitiría discernir, dice Lacan, las funciones de la identificación.  Es un corte, ya no es un borde.

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Esta representación estaría dada por ese corte topológico en la superficie de Klein y la proposición sería:

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De aquí pasamos a pensar esta articulación en términos de predicación, de juicios o de concepto.

                      

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Dice Lacan:  Ven entonces que representando en azul ese círculo de retroceso (a), el otro círculo está hecho con una línea que se refleja en el borde (b), para retomar su trazo en la otra parte de la superficie (b’), sobre la que separa de la primera, el círculo de retroceso.
Pero si sucede esto, la primera mitad del círculo, la que era exterior a la primera mitad de la superficie que acabo de definir así, continua por el contrario en el interior de la misma superficie.

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Entonces, dice Lacan, en este nivel las dos mitades no son homogéneas. porque no están en el mismo campo… salvo querer cegarse a cualquier precio como en la función del lógico formal.

Aquí, en contraposición a las proposiciones de los silogismos propuestos por la lógica vemos que no están en el mismo campo, desde el punto de vista de la identificación:

  • Que se plantea que “todos los hombres” y el “son mortales”,
  • que se plantea que el “Sócrates” y el “es mortal”,
  • que no se dice en absoluto que el Sócrates no debe en absoluto ser distinguido en su función, incluso lógica de lo que sería el sujeto de una clase simplemente definida como predicativa.

La lectura que se puede hacer de un silogismo como el que se refiere a Sócrates está enmarcada dentro de una lógica formal y lo que Lacan está criticando aquí es este criterio que “huele a escolar” de considerar una suerte de universal del hombre.  La respuesta es que no.  Allí empieza a abordar la cuestión del nombre propio.

Ya había producido un efecto de sentido que no ha podido ser representado en las traducciones al decir

 “tous les nommes sont mortels”

“nom”        “hommes”

nombre       hombres

En realidad, más que efectos de sentido, podríamos considerarlos efectos de interrogación, como muchas de las frases crípticas de Lacan.
Con respecto al nombre propio, tema que ya ha abordado en clases precedentes, Lacan nos señala que, en la función de nominación, es donde podemos ver claramente una función que es propia del significante: es la de no poder identificarse consigo mismo lo que, seguramente, dice Lacan, viene a culminar en la función de la nominación.
Como dije antes, hay efectos de la lengua francesa que son difíciles de reproducir en castellano.  Seguramente sucede lo mismo del castellano a otras lenguas.

En un párrafo Lacan dice

…ce SOCRATE qui est à la fois un « soi-disant » et un « autre-disant » : celui qui se déclare comme SOCRATE et celui que d’autre…

Aquí vemos una dificultad de traducción y que en ninguna de las dos versiones en castellano a las que accedí, la han podido resolver de manera más o menos aceptable.
Porque un “soi-disant” es un “supuesto” y un “autre-disant” es una creación de efecto que hace Lacan.  Es decir que no hay un solo Sócrates, puede haber otros.  Esta crítica es la que hace al señalar que no se puede tratar de manera homogénea con lo que podría ser incluido en la rúbrica de “todos los hombres”.
En esta crítica (nos permite volver a algo que había señalado al principio) hay algo que se escamotea, la función del sujeto que habla, el sujeto de la enunciación.
Luego este “supuesto” (soit-disant – que se dice) Sócrates de acuerdo a todo lo que han dicho de él, hay algo que es exactamente lo contrario: que no dice.
Pero hay dos cosas irrefutables (luego agrega una tercera) en cuanto a la interpretación de los dichos de Sócrates.
Una, la primera, es la voz; la voz de la cual Sócrates nos dice, no era en absoluto una metáfora.  La voz por la cual se detenía cuando hablaba para escuchar lo que le decía.
¿Qué puede ser una voz?  ¿Qué quiere decir en el campo subjetivo?  Ese pequeño objeto caído del Otro, el objeto “a”, dice Lacan.
Aquí Lacan sitúa en la función de la voz en Sócrates, algo privilegiado.
Agrega: lo que sabemos también es que hay una relación fundamental, entre ese objeto “a”, cualquiera que sea y el deseo.
Pero por otra parte, señala que Sócrates pidió la muerte… pues no, justamente no, dice Lacan.
Algo que también es irrefutable es que Sócrates no sabía nada.  Bueno, Lacan relativiza esta afirmación… que no conocía nada… aunque algo conocía, algo con respecto al deseo, de eso algo sabía.
El deseo de Sócrates, el que se afirma en la “atopia” es el de ser aquel que interroga al amo.
Entramos aquí, de alguna forma, en la dialéctica del amo y del esclavo.  La visión del amo, dice Lacan, es la visión del esclavo, lo que quiere decir que el esclavo tiene un deseo.  Por supuesto, el amo también, pero el amo, tonto como es, no sabe nada.  El amo se sostiene a sí mismo y es justamente lo que falla en el análisis hegeliano.
Es un tema insoluble, porque, dice Lacan, el gran apoyo del amo no es su deseo sino sus identificaciones, la principal es al “Nombre del amo”, a saber, al nombre que él lleva, bien especificado, aislado, primordial, en su función del nombre, por el hecho de que es un aristócrata.
Sócrates interroga al amo en lo que él llama su alma.  (cito a Lacan) ¿A quién hace testificar?  Al Otro por excelencia, el Otro que tal vez sea fácilmente representado en la sociedad por el Otro radical, el que no forma parte de ella, a saber, el esclavo, y es de ahí… de ahí de donde saca la palabra válida.
Hay un punto en el que Lacan, más allá de la articulación de los círculos,  señala dos términos
-el deseo enigmático (pedir la muerte)
-la pulsión de muerte
Dice Lacan:  Y ¿cuál es la relación, y cómo podemos deletrear lo que hay, entre la exigencia de muerte de un gran ser vivo y esta famosa pulsión de muerte que vamos a ver tan implicada en un “todos los hombres” de otra naturaleza que los dos términos lógicos que ya he planteado, a saber, el “hombre cualquiera” o el “hombre universal”, en todo caso, el hombre sin nombre, y en mayor medida que no tiene nombre aún,
que lo que encontramos detrás, es el inconsciente del hombre, ciertamente lo innominado aquí, porque es indeterminado.
Luego Lacan retoma el círculo propuesto, el que surge de análisis topológico, el que se producía al hacer un corte en la superficie tórica.
En ese círculo Lacan propone incluir debajo de Sócrates “es un hombre”

 

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En este círculo vemos tres letras:  abajo D (demanda) en el medio, marcando el diámetro del círculo T (transferencia) y arriba I (identificación).
La relación entre estas dos mitades de círculos son heterogéneas (si una es la identificación la otra es demanda e inversamente) Seguimos a Lacan:  la relación entre dos mitades del círculo que son heterogéneas, por más que funcionen como señuelo, es precisamente este diámetro, el que la sostiene y que no existe en ninguna parte.
Se está refiriendo a la función de la transferencia.  Función que está ligada al otro engañado o al Otro que engaña.   Por último, concluye que la transferencia cumple una función en la medida en que engaña.
Hacia el final de la clase, propone tres términos (más allá de señalar que trabajará sobre la demanda, la transferencia y la identificación).  Pero estos otros tres términos son
-indeterminación (sujeto del inconsciente)
-certeza, como constitutivo del sujeto en la experiencia y como objetivo del análisis
-engaño, la vía que utiliza para su identificación (en que su llamado mismo lo llama a la identificación).
En el final de la clase, Lacan alude a un esquema que utilizó en el seminario anterior.  A lo que hace referencia aquí es a la pulsión, a ese trayecto de ida y vuelta de la pulsión.  Y a las tres categorías de indeterminación, engaño e incertidumbre agrega la categoría de imposible.
En estos últimos párrafos aparece la referencia al juego y a lo que él llama una partida.  Partida que fue construida de manera tal que, en todos los casos será perdida.  Concluye que, cómo ganar esta partida es el mayor problema:  problema crucial para el psicoanálisis.