Seminario X: La Angustia
Capítulo III 28/11/62
En un primer momento de la clase, Lacan hace referencia al texto de 1946
“Acerca de la causalidad psíquica” en el cual articula dos registros: el imaginario
y el simbólico. Con respecto al estadio del espejo, señala Lacan que el niño, al
descubrir su imagen en un espejo, gira la cabeza hacia el adulto (que en ese
momento representa el lugar del Otro) para que ratifique el valor del esta
imagen.
Lacan nos recuerda que Freud en La interpretación de los sueños introduce el
inconsciente como un lugar que él llama “otra escena”. En un primer momento
hay el mundo, el mundo tal como es, dice Lacan. Pero todas las cosas del mundo
entran en escena de acuerdo con las leyes del significante. A través del análisis
de la escena dentro de otra escena en Hamlet, Lacan nos dirige en nuestra
interrogación con respecto al estatuto del objeto en tanto que objeto del deseo.
En la imagen del cuerpo, libidinizada, el falo aparece en menos, como un blanco.
Esa libidinización del cuerpo no es completa, hay un resto, en menos.
¿Cuándo surge la angustia? La angustia surge, dice Lacan, cuando un
mecanismo hace aparecer algo en el lugar menos phi.
Decíamos en el resumen o introducción a esta clase del seminario de Umbral
que al comienzo de la clase III del seminario de la Angustia, Lacan hace
referencia a un texto de 1946: Acerca de la causalidad psíquica. En ese texto,
Lacan articula dos registros: el imaginario y el simbólico.
Uno de los ejes fundamentales de la propuesta teórica de Lacan es la existencia
de tres registros: el imaginario, el simbólico y el real.
Paul-Laurent Assoun sitúa la conferencia del 8 de julio de 1953 como la primera
vez que Lacan propone esta trilogía. El orden de teorización, según Assoun
sería Imaginario, gracias a la experiencia del espejo; simbólico, gracias al nombre
del padre y lo real aparecería en último término pero para adquirir una
importancia creciente.
Assoun sostiene que la forma de nombrar esta trilogía sería ISR pero finalmente,
“la formalización topológica establecerá la primacía de lo real imponiendo la
escritura RSI”.
Pero en esta clase, haciendo alusión al texto de 1946 aún no habla de lo real.
Nos remite a este texto para volver al estadio del espejo.
Sí, podríamos pensar que hay un viraje en cuanto al estadio del espejo ya que en
un primer momento Lacan propone que por una falta de madurez biológica el yo
se constituye sobre la base de la imagen del otro. Pero más adelante, habrá un
cambio en cuanto a esta propuesta: la alegría (o júbilo, como se tradujo en el
seminario) que siente el niño no viene de la resolución de una falta orgánica y
motora sino de otra parte: “Lo que se manipula en el triunfo de la asunción de la
imagen del cuerpo en el espejo es este objeto, el más evanescente que no
aparece sino al margen: el intercambio de miradas, manifiesto en el hecho de
que el niño se vuelve hacia el que lo sostiene, aunque lo sostenga en su
juego” (Escritos 1, De nuestros antecedentes). Lo que es importante señalar aquí
no es solamente el niño observando sino el niño siendo mirado por el Otro. Ese
Otro que será quien ratificará (como decíamos al comienzo) el valor de esta
imagen.
Recordemos pues, dice Lacan, cómo la relación especular ocupa su lugar y de
qué modos depende del hecho de que el sujeto se constituye en el lugar del
Otro y su marca se constituye en la relación con el significante.
Aparecen aquí dos elementos ya nombrados un poco más arriba en la misma
clase, que podríamos poner en correlación; imagen especular -que nombrará
como i(a): yo ideal y el Otro: Ideal del yo.
Luego en esta clase hay una referencia a Claude Lévi-Strauss. Durante el curso
de este seminario, Lévi-Strauss había publicado una de sus obras más
importantes: El pensamiento salvaje. Lévi-Strauss explica, en oposición a otros
pensadores que consideraban una diferenciación clara entre el modo de pensar
de los «primitivos» y el de los «civilizados», que el supuesto «pensamiento
primitivo» utiliza las mismas reglas estructurantes que el más moderno de los
pensamientos científicos. Pero Lacan aquí no se mete con esta idea sino con la
oposición entre la razón analítica y la razón dialéctica. Es una oposición que Lévi-
Strauss toma de Sartre para criticarla. Lévi-Strauss y Sartre tuvieron grandes
polémicas en torno al estructuralismo. Sartre sostenía que las “estructuras” eran
demasiado rígidas.
Pero aquí creemos que Lacan apunta más a una concepción del “mundo” y al
lugar del sujeto con respecto al objeto. La crítica es sostener una razón analítica
que concibe al sujeto-objeto como algo dado, que existe. La razón analítica se
asocia en ese libro con la clasificación, el orden, los esquemas, etc.
También nos da una idea de esa concepción del mundo. “Este mundo, dice
Lacan, tal como es, he aquí lo que concierne a la razón analítica, aquella a la que
el discurso de Lévi-Strauss tiende a otorgar la primacía.” Pero no podemos
pensar el mundo sin su relación con el psicoanálisis, sobre todo porque el
“mundo” es indispensable para pensar la otra escena. Esa otra escena a la cual
hace referencia con respecto a la Interpretación de los sueños: eine anderer
Schauplatz. El inconsciente.
Entonces, a partir de la existencia del mundo, distingue tres tiempos o
momentos:
Primero: hay un mundo. Hay una dimensión de la escena, su separación con el
lugar mundano, cósmico o no. Las cosas del mundo llegan a decirse, se ponen
en escena de acuerdo a las leyes del significante. En este plano podemos pensar
que esas leyes coinciden o son homogéneas con las leyes del mundo.
Segundo tiempo: la dimensión de la historia.
Y tercer tiempo: la función de la escena sobre la escena.
Este análisis de los tres tiempos permite por un lado llevarnos a esa escena sobre
la escena que luego desarrollará tomado una parte de la obra Hamlet y por otra
parte toma distancia con una concepción del mundo como algo “cósmico”,
distinguiendo así la posición psicoanalítica. Así podríamos entender el título de
este capítulo: “Del cosmos al Unheimlichkeit”. El mundo cósmico se podría
entender como el que sostiene una posición que implica una
complementariedad entre el sujeto y el objeto del conocimiento. Pero tenemos
que pensar al mundo desde otra perspectiva, es el mundo desde la perspectiva
psicoanalítica, desde lo simbólico, desde una otra escena.
El segundo tiempo, el que hace referencia a la historia es el que permite subir la
escena a ese mundo. “La historia, dice Lacan, tiene siempre un carácter de
puesta en escena”. Y tendrá el valor en la medida en que haga referencia a un
momento determinado (referencia a las fechas de diferentes calendarios).
Pero este desarrollo le permite a Lacan llegar a la escena dentro de la escena.
Cito a Lacan: “Una vez que la escena prevalece, lo que ocurre es que el mundo
entero se sube a ella (…) Aquello que la cultura nos vehícula como el mundo es
un amontonamiento, un depósito de restos de mundos que se han ido
sucediendo y que no por ser incompatibles dejan de hacer buenas migas,
demasiado, en el interior de cada uno de nosotros”. Pues sí, en el interior de
cada uno de nosotros existe un “amontonamiento” de cosas del mundo y que en
un análisis habrá que reconstruir, con una labor como decía Freud de
arqueólogo.
Y ahora llegamos al tercer momento, la escena sobre la escena. Lacan nos
propone volver a Hamlet. Decimos volver porque ya abordó la tragedia de
Hamlet en el Seminario VI. La escena a la que se refiere Lacan es aquella que
Hamlet monta con unos comediantes para poder atrapar la consciencia del rey.
Es la “ratonera” o “mouse-trap” que utilizará. Pero hay algo que llama la atención
de todos los autores, nos señala Lacan: el personaje que en la segunda escena
está vestido como Hamlet. No es el hermano del rey de comedia sino su sobrino.
Es una posición homologa a la del propio Hamlet respecto al usurpador
(Claudio, hermano del padre).
Hamlet, dice Lacan, hace representar en la escena a él mismo llevando a cabo el
crimen en cuestión. (…) Intenta dar cuerpo a algo que pasa por su imagen
especular, su imagen puesta en la situación, no de llevar a cabo su venganza,
sino de asumir, en primer lugar, el crimen que se tratará de vengar.
Es interesante señalar dos cosas: que el rey , el tío de Hamlet, no parece
reaccionar ante la escena que representan los comediantes y la otra es que
Hamlet, entra en lo que Lacan llama una crisis de agitación. Se pone nervioso a
medida que se acerca el momento crucial.
Hamlet no puede llevar a cabo su venganza ni siquiera en el plano de la otra
escena. Procrastina y justifica su inacción con excusas. Pero sí es importante
señalar que intenta dar cuerpo a algo, es decir que habrá aquí algo del orden de
la imagen, de lo especular.
En esa escena sobre la escena Hamlet crea un doble de sí y lo usa como espejo,
se ubicaría en el lugar de un i’(a).
Lacan cree que esto es insuficiente porque cuando tiene la oportunidad de matar
a su tío, no lo hace. Se inhibe. Esa agitación, esa pequeña crisis de agitación
maníaca (dice Lacan), al ver la escena da cuenta de esa inhibición.
Pero hay una segunda identificación, que es la identificación con Ofelia.
Esta identificación difiere de la anterior ya que no es la identificación con un par,
con un rival, con un semejante. Por el contrario, es la identificación con un objeto
perdido. Pero Ofelia era también un objeto que lo había deseado a él. La
identificación con el objeto perdido, es considerada por Freud como en
mecanismo fundamental de la función del duelo. Lacan, más adelante en este
seminario definirá al duelo diciendo que solamente se puede hacer el duelo de
aquel cuya falta fuimos, es decir de aquel cuyo deseo causamos. Es una
identificación con la falta en el Otro, en la medida en que el Otro está barrado.
Tal vez podríamos pensar aquí esta diferencia entre dos identificaciones: una
especular que es la de la escena de los comediantes. Y la otra, es aquella en la
cual interviene lo simbólico, con respecto a su posición de causa de deseo del
Otro.
La identificación que se produce en la escena sobre la escena no resuelve su
inhibición en tanto que la identificación con el objeto perdido sí, en la medida en
que retroactivamente se reconoce, el mismo, como objeto de deseo.
La segunda identificación es la que Lacan considera más misteriosa y es aquella
que utiliza para despejar un enigma: el objeto del deseo en cuanto tal “a”. El
análisis de las dos identificaciones de las que habla Lacan en este apartado dan
cuenta de la construcción teórica con respecto al estatuto del objeto en tanto
que objeto de deseo.
Objeto de deseo que difiere del objeto definido por la epistemología. Se
distingue así de la ese objeto correlativo con la “cosmicidad” del mundo. Ese
objeto (que es objeto de deseo) es el que trabajará a lo largo de todo el
seminario y deberá abordarse a través de la angustia.
Y a partir de aquí, Lacan nos propone que articulemos la relación especular con
la relación con el Otro con mayúscula. Esa relación especular está situada, dice
Lacan en el interior de la dialéctica del narcisismo tal como Freud lo introdujo.
Cito a Lacan: “El investimiento de la imagen especular es un tiempo
fundamental de la relación imaginaria. Es fundamental en la medida en que
tiene un límite. No todo el investimiento libidinal para por la imagen especular.
Hay un resto”. Es importante que nos detengamos en ese “resto” del cual habla
Lacan. Hay algo que no entra, que se sustrae de la investidura libidinal y ese
algo, ese resto es genital. Ese resto, vamos anticipando, es el -phi.
Dice Lacan que en la medida en que se realiza aquí, en i(a), lo que él llama la
imagen real, imagen del cuerpo que funciona en lo material del sujeto como
propiamente imaginaria, o sea libinalizada el falo aparece en menos, como un
blanco. A pesar de que el falo es sin duda una reserva operatoria, no sólo no
está representado en el plano de lo imaginario sino que está circunscrito, y por
decirlo como corresponde, cortado de la imagen especular (cortado también
como separado).
Luego Lacan dice que “cuando Freud habla del objeto a propósito de la
angustia, se trata siempre de ese objeto a, cuyas características constituyentes
tan solo hemos esbozado y que estamos poniendo en el centro de la actualidad.
la ambigüedad se debe a que no podemos sino imaginarlo en el registro
especular. Se trata precisamente de instituir aquí otro modo de imaginarización,
en el se defina este objeto”
El i(a), es decir la imagen, está dado por la imagen especular pero, tal como lo ha
dicho en Acerca de la causalidad psíquica y antes en la misma clase, está
autentificada por el Otro (con mayúscula). Ahora bien, en el plano de la imagen
virtual, el i’(a), no aparece nada porque justamente el -phi no es visible, no ha
entrado en lo imaginario.
Luego, en este punto Lacan vuelve sobre la fórmula del fantasma, explicando que
se lee S tachada (o barrada) losange (o rombo) a (minúscula). Nos lleva a esta
presentación del fantasma justamente para señalar que lo que el hombre tiene
delante de sí es una imagen virtual del i(a). El pequeño a (soporte del fantasma)
no es visible en lo que constituye la imagen de su deseo.
Dice Lacan, cuanto más se acerca el hombre, cuanto más rodeo, acaricia lo que
cree que es el objeto de su deseo, de hecho más alejado se encuentra,
extraviado. Todo lo que hace por esta vía para acercarse, da cada vez más
cuerpo -volvemos a ver una especie de imaginarización con la idea de “dar
cuerpo”- a lo que, en el objeto de dicho deseo, representa la imagen especular.
Cuanto más lo hace (acercarse) y cuanto más quiere, en el objeto de su deseo,
preservar, mantener, proteger el lado intacto de ese florero primordial que es la
imagen especular, más se adentra en aquella vía que a menudo se llama
impropiamente la vía de la perfección de la relación de objeto, y más engañado
está.
¿Cuánto surge la angustia? pregunta Lacan: cuando un mecanismo hace
aparecer “algo” en el lugar del -phi. Lo Unheimlich, lo ominoso, lo abominable,
eso que causa terror y que Freud lo vincula a la angustia de castración surge
donde debería estar el -phi. Ese Unheimlich, que en alemán contiene el “heim”,
es decir lo familiar, es lo que Lacan traduce al francés como “inquietante
extrañeza”, es lo que aparece en el lugar de algo que en general está vacío,
como el cuello del jarrón en el esquema óptico. Lo “heim” es la imagen del
cuerpo, la imagen especular. El Unheimlich se produce en el lugar de la falta en
la imagen que corresponde al (-ϕ).
Hace unos años, un amigo me comentó que alguien le había hablado de una
película. La historia era de un hombre que era adicto al sexo. Mi amigo fue al
cine muy entusiasmado imaginando que iba a ver algo del orden de lo erótico
pero, muy por el contrario, vio un drama. La película se llama “Shame” (se puede
ver en Filmin) que significa vergüenza. Es la historia de un hombre que consume
pornografía y tiene sexo en forma compulsiva. Paralelamente aparece en la
película una hermana y una relación muy compleja con ella. En un momento
dado, liga con una compañera de trabajo (en general ligaba en la calle o
contrataba prostitutas). Con esa compañera de trabajo va a cenar. Ella le
pregunta si está en pareja o si quiere estar en pareja y él le dice que no cree en
las relaciones. Pero ella le señala justamente esa falta al preguntarle por algo
que va más allá de lo imaginario. Queda con su compañera de trabajo para
tener sexo, pero no puede, se angustia. Ella se va y en la escena siguiente está
teniendo sexo con una prostituta. Podríamos pensar que la prostituta y todas las
historias sexuales obturan la falta pero en el punto en que alguien le señala que
no puede obturar esa falta, cuando le falta esa falta para obturar: se angustia.
Dice Lacan, de donde todo parte, en efecto, es de la castración imaginaria,
porque no hay imagen de la falta y con razón. Cuando algo surge ahí, lo que
ocurre, es que la falta viene a faltar.

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